Puntos de sutura

De profesión, poetas

Decíamos ayer que hay poetas que saben su oficio. Que tienen el extraño talento de coger trozos, pedacitos diminutos de versos, quizá sólo un adjetivo y un sustantivo oídos de manera fugaz y secreta; o el aire de una estrofa; o la influencia de la obra completa de algún poeta, quizá en otro idioma. Y mezclar, decíamos ayer, todos esos ingredientes ajenos con, quizá, una vivencia de su presente para, finalmente y de manera rápida y eficaz, componer un poema que, decíamos ayer, “funciona” y que es “impecable”.

Decíamos ayer que hay poetas que no tienen oficio alguno. Que dolorosamente se vacían para, desde ese hueco propio, ir creando en el aire, habitualmente despacio, palabra tras palabra, con la máxima precisión y tiranía, los versos que, con suerte, llegan a ser un poema.

Hoy nos lo aclara Virgilio en sus Geórgicas: “El que es raptado por las Musas (mousóleptos) es el poeta genuino, en contraposición al poeta artífice”.

Ya llegaron los tordos

Decíamos hace unos días que los higos este año iban retrasados, que misteriosamente no engordaban. Hoy, en la parte más alta de la higuera, ya hemos visto alguno con esa hinchazón y brillo que les da la madurez. Además, los tordos han llegado; ya huelen su dulzor.

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Publicado en Hoy

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