Carta de G.M.

Desaparecer V

(…) pensé en la poesía. El acto de escribir un poema está precedido por una desaparición. El poema se gesta en el silencio, en un “no estar”. Y es en ese vacío que llega una imagen, y luego otra; y esa imagen se convierte en sujeto, verbo y predicado; y después llegan un adjetivo y otro, un pronombre, una proposición… En silencio, las palabras se van uniendo unas a otras de una forma precisa y caótica a la vez, como cuentas de un collar. En un poema, cada palabra, cada coma, ocupa el lugar que le corresponde, y no otro. Cuando este movimiento de nacimiento acaba, el poema suena, deja de ser silencio, se hace visible.

Me recuerda mucho a la gestación de una galaxia. En ese proceso, también silencioso y lento, el gas frío (combustible para las estrellas) se aglutina en espirales en los núcleos de las galaxias a lo largo de filamentos que se dirigen a sus “entrañas” para dar a luz a nuevas estrellas que van haciendo más y más grande la galaxia.

Sin desaparecer, sin ese pliegue de silencio, tampoco nacería el sorgo, cuyas semillas, como las del bambú (¡bien lo sabemos!), pueden estar latentes durante décadas bajo la tierra hasta que, un día, sin razón aparente, germinan en busca del sol.

Desaparecer VI

Después pensé en la pareja. La pareja es la máxima expresión del “aparecer”, del encarnarse, del hacerse presente. Siento que sólo la paternidad y la poesía generan esa certeza de Estar, de ocupar un espacio. De que ese espacio empieza a ser, precisamente, cuando se está en él. Pero, también en la pareja, antes de llegar a esa plenitud, es necesario un silencio, un ocultarse previo: el de sus miembros, que en la intimidad van decantando, pacientes, el amor y el conocimiento (propio y mutuo) para “aparecer”, plenos, en ese espacio común que llamamos “nosotros”.

Este desaparecer previo es activo, requiere un trabajo solitario, interno, de preguntarse y reconocerse. Aclaro esto porque en muchas parejas se dan desapariciones que son, en realidad, claudicaciones. Son desapariciones emocionales reconocibles porque van a acompañadas, sí, de un silencio, pero no creador, sino cercenador de hilos, de los hilos ligeros y invisibles que fundan el amor, de conexiones amorosas. Son dejaciones de un espacio simbólico y, a veces, físico. A esa claudicación yo la llamó también “hacerse pequeño”, y ocurre cuando uno de los miembros de la pareja (o los dos) cede todo su territorio y se entierra, se entierra, se entierra… Y el amor tiene poco ya que hacer, poco de donde nutrirse.

The Whirlpool Galaxy (NASA)
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Un comentario en “Carta de G.M.

  1. El amor siempre se nutre de sí mismo. Porque si no es así, es solo mercantilismo. Otra cosa es que sea o no correspondido pero eso es otra historia.

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