Pudor

Pudor.

(Del al. Peu-)

Nota musical situada al final de la escala cromática de doce. La palabra fue acuñada por el compositor austriaco Arnold Schönberg, quien sólo la usó en una ocasión por escrito. Hasta hace una década, la existencia de este sonido no era más que una habladuría que, además, muchos académicos, especialmente los seguidores tardíos de la Segunda Escuela de Viena, se empeñaron en desacreditar y enterrar. En el año 2004, la musicóloga Cecilia de Mier, mientras investigaba para su tesis doctoral, descubrió en el Kunsthistorisches Museum vienés una carta que Schönberg dirigía a su primera esposa, Mathilde von Zemlinsky, fechada en Budapest el 7 de agosto de 1900 y en la que, efectivamente, se confirma la existencia de la nota y también de la palabra.  He necesitado toda sensibilidad para dar por terminada esta mi “Noche transfigurada”. Tanto, que no me han bastado las doce notas de la escala, querida Mathilde, para sacárselo todo al silencio. Mediado el primer movimiento, el poema me reveló la presencia de una nota jamás antes escuchada por mí, y creo que por nadie;  era escondida y breve, no se dejaba ver;  en su intensidad, ni siquiera pugnaba por aparecer entre las demás; sin embargo, durante unos segundos, su fría densidad ha ocupado todo mi cuerpo; era vital, seminal para impulsar el resto del movimiento. No la veía pero, como una mota de polvo caída en un lago en calma, ha formado ondas en mi ser todo. Fue desconcertante, hermoso. La he llamado Peu, pues en algunas aldeas de Cléveris esa raíz suele anteponerse a la palabra luz, esa luz que, en noches claras y ventosas, se cuela entre las ramas de los árboles y que, presentida, impregna y alimenta una flor plateada que se repliega sobre sí apenas siente la presencia de cualquier animal u hombre. Mathilde, sé que jamás volveré escuchar esta nota en mi cabeza, que jamás la escribiré en negro sobre un pentagrama y, sin embargo, estará siempre ahí, agazapada en mi “Noche transfigurada”. Peu sería la nota trece… y bien conoces mi miedo atroz a ese número. Mejor escondida. Ahora la vida se ha cobrado su venganza: ahora le pertenezco, ahora la he encontrado.

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