Rubor.

Rubor.

(Del lat. rubor)

Grieta que se abre en un fruto cuando éste está maduro y no puede ya disimular que el azúcar tensa su carne. La primera constancia que se tiene de esta palabra es en la Historia Natural, de Plinio el Viejo, en concreto en su Libro XVII, donde habla de arboricultura, de los frutales y de los zumos: El rubor es muy característico de los duraznos tardíos, que se resquebrajan de tan maduros, dejando entrever por una fina grieta, rojiza apenas, su verdad, su dulce carne olorosa. Después de esta breve referencia, ninguna tradición, ni literaria ni científica, vuelve a usar la palabra, y no reaparece hasta el siglo XIX, cuando es rescatada por el poeta neoyorkino Walt Whitman. Whitman escribe lo siguiente en su Memoranda During the War: Viajando por el estado de Georgia,  fui a dar a una remota granja. Sus dueños me acogieron como si yo fuera alguien de su familia. En aquella casa, con sus ritmos constantes, cotidianos y sencillos, me sentí amparado aquellos días, justo cuando más recogimiento necesitaba. El granjero, un hombre silencioso y alegre, se llamaba Don, y su mujer, más silenciosa aún, respondía al nombre de Rubor. Me extrañó sobremanera este último, o sea que pregunté por su significado. Don me explicó el origen latino de la palabra y cómo él disfrutaba del rubor de los melocotones de su plantación, cuando el otoño quedaba ya cerca. Después me dijo que decidió llamar Rubor a su esposa porque el color de sus mejillas le recordaba al color de esa pequeña hendidura que se abre en los melocotones cuando más dulces están. Finalmente me confesó que ese tono rojizo claro se aparecía con frecuencia en el rostro de ella cuando quería algo con pasión y no se atrevía decirlo. (WWhitman Memoranda During the War [Nueva York 1870]). Unos años después, Whitman usa esta palabra profusamente en su obra más conocida, Hojas de hierba:

Ah, el rubor del Cañón del Colorado, hendido, solo visible cuando la luna sangra,

y sobre él llora, rojo, muy pálido en su estruendo, el agua, no deja, no cesa

de hacer más profunda la grieta olorosa del durazno, del hierro leve que tiñe su tierra.

Ah, el rubor de las muchachas que señalan al Sur, saben a qué huelen las islas del Golfo,

pasean alegres por las calles de Chicago y saben bailar en la soledad de sus alcobas,

abrazadas a la piel de un tigre, as time goes by, as time goes by.

Ah, el rubor en los pies de las gimnastas heridas, pequeños suspiros, sus plantas como frutos

quieren ser curados con caricias de granjeros buenos, mansos, de Este a Oeste, tiernos como

animales,  flores capaces de decir una palabra exacta y ligera. 

(De un fragmento de Hojas de hierba. Traducción de G.M.)

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2 comentarios en “Rubor.

  1. Esta forma de definir desde la emoción. Siempre me gustó este trabajo tuyo. Ojalá un día puedas recopilarlo y publicarlo.
    Un abrazo

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