Carta de G.M.

(…) es desoladora, sin embargo, esta sensación de que, al excavar (no importa cuánto ni a qué profundidad), no encuentro ni un solo resto de casa derruida, ni el polvo de un ladrillo siquiera. Como si todo hubiera sido arrasado o como si siempre llegara a una tierra virgen, nunca trabajada antes por mi, como si no tuviera pasado y en él nunca hubiera habido nadie, como si una y otra vez estuviera empezando. En algún sitio leí esta frase: “El pasado es igual; yo no”. ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si el pasado no existiera y fuera una suerte de limbo donde siempre se es igual, donde jamás se descansa?

Boya. Mar Aral.
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