El calor de un cuerpo

Queda un verano que no acaba. Es la primavera, lleva meses pudriéndose como el agua en la represa del camino. Por eso, la exaltación de los pájaros. Van y vienen, se agotan queriendo cumplir con una obligación desconocida, pero que les mantiene frenéticos en el aire: no saben si anidan, cazan libélulas, migran sin frío…

Aun así, ayer, atardeciendo, el halcón se dejaba llevar por una corriente seca y templada de este otoño. Volaba como antiguamente: sabiendo hacia dónde.

Como aquella tarde, el canto de las grullas volverá a atravesar la niebla y nos hará desear el calor de un cuerpo.

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Publicado en Hoy