Veo a dos mujeres llorar en la calle

veo a dos mujeres llorar en la calle, al mismo tiempo, a unos metros, la primera buscaba su sitio dando vueltas a una farola, un perro, la otra en línea recta, hacia un punto de llegada, secándose, entre los cristales, con la mano, llorar en la calle, conocer el hueco del dolor, el diámetro, ver de dónde partió el venablo, señalar la herida, tener la certeza del material con el que fue forjada su punta, la hoja de laurel, si fue de hueso, de asta, hierro, si de madera, saber la profundidad, cualquier movimiento duele, mejor no moverse ahora, solo llorar, no he visto nunca a un hombre llorar en la calle, solo si borracho, si loco, el venablo habita en ellos, no viene de fuera, no saben, la hoja de laurel la llevan dentro, clavada, en el hígado, porque es grande, pero no lloran en la calle, no saben la dimensión, que fueron cazados, lo más cercano es ese hombre de hoy en la estación de chamartín con la mirada perdida, pero seca, no ven su llanto, dos mujeres jóvenes

Sara Sánchez
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