O fuera el musgo sobre el agua

Todos los años, el campo termina por verdear en los ojos de los ciervos. Verde, Semejante a la hierba fresca o a la esmeralda.

Ahora, recién llegada la primavera, justo antes de que los árboles se cubran de hojas y se azoguen, se trasparentan también los nidos en las horcas de las ramas, el ir y venir de los pájaros.

Hoy hay que esperar a que el poema se ablande, como si reposara sobre la tierra que rezuma o fuera el musgo sobre el agua.

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Hoy en el tren, el bosque ruso

La abuela no tenía todos los dientes; sus pómulos se volvían hacia adentro. La falta de tierra o el eco de una radiación repentina le desgataron el gesto, pero no la mirada.

Ese silencio hablaba de un bosque ruso.

La cara redonda de la nieta, sus pequeños zarcillos de oro o aquellos ojos claros también hablaban de Rusia.

La niña llevaba una mochila con un estampado del globo terráqueo; sólo se veía Alaska y el Círculo Polar. Sacó un monedero, y de éste una cajita ajedrezada. Abrió la cajita, de la que, a su vez, extrajo un juego de llaves. Levantó los ojos y buscó la aprobación de su abuela, que dijo, sin hablar,

Todo está bien, estamos seguras, tenemos casa, no sopla el viento, ni los lobos acechan en la oscuridad del bosque, dormiremos, no hay taiga ni caza, habrá ceniza en la chimenea y luz de lámpara en la ventana.

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Sara Sánchez

Sueño en uno de los cuadernos de Juan Avellana

Sé que este sueño está  también escrito en uno de los cuadernos de Juan Avellana. Si fuera posible fotografiar lo que no existe… A las afueras de Ashford, emerge de la tierra el enorme tubo del respiradero del túnel ferroviario que atraviesa el Canal de la Mancha. Imponente, nada a su alrededor, salvo ralos arbustos y dos bancos de madera mirando hacia él. Hasta ahí, el sueño. Ahora, lo que se sabe: es posible sentarse en ese lugar para sentir lo que sale por el tubo del respiradero, que recuerda a los de las cubiertas de los barcos : Le jardin féerique de Maurice Ravel, la brisa del mar que rompe en la costa de Calais, el óxido de Dunquerque, lo agrio del pan, la blancura de las hortensias y de los agapantos, una sal antigua adherida al pescado, resina en las piedras de una playa, olor infantil a alquitrán y a traviesas, el eco de un cañonazo de 1917 y el susurro muy alargado de un tenor viejo: Parce que moi je rêve, moi je ne suis pas, parce que moi je rêve, moi je ne suis pas, parce que moi je rêve, moi je ne suis pas…

Sara Sánchez

Carta de G.M. sobre “dejar en paz”

(…) los pájaros no se sostenían en el aire; volaban como pavesas. Volviendo a su última carta, se lo plantearé al revés: hay que dejar en paz (si me permite, literalmente) a aquellos a los que no amamos. En paz significa acercarse a ellos y rozar con levedad su corazón para borrar todas nuestras huellas. El corazón, pues de él nacen todos los espíritus, que después pasan a la sangre y recorren cada vena, antes de regresar.

El calor de un cuerpo

Queda un verano que no acaba. Es la primavera, lleva meses pudriéndose como el agua en la represa del camino. Por eso, la exaltación de los pájaros. Van y vienen, se agotan queriendo cumplir con una obligación desconocida, pero que les mantiene frenéticos en el aire: no saben si anidan, cazan libélulas, migran sin frío…

Aun así, ayer, atardeciendo, el halcón se dejaba llevar por una corriente seca y templada de este otoño. Volaba como antiguamente: sabiendo hacia dónde.

Como aquella tarde, el canto de las grullas volverá a atravesar la niebla y nos hará desear el calor de un cuerpo.

Carta de G.M.

(…) es desoladora, sin embargo, esta sensación de que, al excavar (no importa cuánto ni a qué profundidad), no encuentro ni un solo resto de casa derruida, ni el polvo de un ladrillo siquiera. Como si todo hubiera sido arrasado o como si siempre llegara a una tierra virgen, nunca trabajada antes por mi, como si no tuviera pasado y en él nunca hubiera habido nadie, como si una y otra vez estuviera empezando. En algún sitio leí esta frase: “El pasado es igual; yo no”. ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si el pasado no existiera y fuera una suerte de limbo donde siempre se es igual, donde jamás se descansa?

Boya. Mar Aral.

Aylan Kurdi

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,
duerme como aquel monje su sueño de
trescientos años oyendo cantar un pájaro.
Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.
Chantal Maillard

no tengo miedo, yedra, cubre, pupitre, ya no, tiza, ya no, lenguaje, ya no
no tengo miedo, al corte, barbería, al corte, una casa, quizá
no tengo miedo, sin pájaros
no tengo miedo, obús, otro, jardín, jazmín
no tengo miedo, agujero, otro agujero
no tengo miedo, rojo ladrillo
no tengo miedo, blanco yeso, la cal, la cal, máscal, máscal, más, fosa
no tengo miedo, balón solitario, no hay jardín, portería, ya no, red
no tengo miedo, ojos blancos, tantos he visto, tantos ojos, no luz
no tengo miedo, plato, gallinita ciega, rayuela también
no tengo miedo, este palpitar, palpita, corazón, sangre, como de cobre, viva
no tengo miedo, sin hacer, estoy sin embargo, tanta sangre, tanta, pálida
no tengo miedo, ay, inocencia, heridas también, tantas
no tengo miedo, helicóptero, hombres con dientes, de oro, sudor artillero
no tengo miedo, hatillo con ropa, cuatro cosas, una canica, quizá, carro de combate viene
no tengo miedo, poco que comer, poco que echarse, esta sonrisa, la mía, niño era
no tengo miedo, siempre, no tengo, hambre siempre, sueño era
no tengo miedo, Kobane, plomo, Kobane, ruido, Kobane, Kobane, no tengo, casa
no tengo miedo, viaje, un día, una tarde, una noche, esta
no tengo miedo, hilo, se rompe, ¿cuánto?, ¿cuándo?, ¿dónde?, papá
no tengo miedo, Canadá, está lejos, no quiere, Canadá
no tengo miedo, Turquía, no Bodrum
no tengo miedo, Bucarest férrea, más sudor, más, niños, más, más, más, silbato, vía madre
no tengo miedo, ninguna parte, camisetita, zapatitos, mira, rojo, nuevos, de andar
no tengo miedo, atardece, yodo, mar, mamá, mar, hermano, mar
no tengo miedo, barquito, plástico, olor, zarpa
no tengo miedo, usura, papá, cuatro mil dólares, una tras otra, ¿cuántas barbas si?
no tengo miedo, Canadá, no, Europa, no
no tengo miedo, otra piel, no tengo
no tengo miedo, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueva, diez, once, doce
no tengo miedo, entra, todo este agua, entra salitre
no tengo miedo, cosas, tantas no serán, ya que
no tengo miedo, la mano no aprieta, ya no
no tengo miedo, padre, ya no
no tengo miedo, madre, ya no
no tengo miedo, hermano, ya no
no tengo miedo, peces plateados, al ancla, ojalá
no tengo miedo, luces, isla de Kos, rojas, amarillas
no tengo miedo, grito, gritan, motor
no tengo miedo, miedo, no tengo, nana
tengo miedo, a, esta olita, lleva, me lleva
tengo miedo, esta olita, lejos, solo descanso
tengo miedo, orilla, ya no, orilla

Carta de G.M.

Querido R:

Acabo de recibir el sobre que contiene el último poemario que ha publicado. Le doy las gracias y la enhorabuena por adelantando, a falta, claro está, de leerlo con el detenimiento que requiere. Sin embargo, junto a este acuse de recibo, me permito hacerle dos apuntes rápidos y sin importancia.

El título no termina de gustarme, querido amigo; me produce cierto rechazo, casi físico, diría. No es la primera palabra (pájaro), sino la segunda (visitador). No puedo darle una razón objetiva, ni una argumentación lógica; sólo puedo apelar al pálpito que me ha producido, y que, le digo, se ha visto gratamente suavizado por el precioso diseño de la portada, por el olor y suavidad del papel, y por el acierto del tipo de letra que han elegido sus cuidadosos editores.

Como bien sabe, soy un gran admirador de la obra del inclasificable escritor Fernando García Loygorri. Me consta que usted también, porque he podido ver su rastro en estos poemas que hoy recibo. Me refiero a esa costumbre de usar una coma seguida de mayúscula, en lugar de dos puntos, para reproducir algo que alguien, en el texto, ha dicho o pensado. Le pongo un ejemplo, al azar, sacado de su blog:

Un día me atreví a preguntarle por Danila y ella me contestó, La próxima vez que pronuncies ese nombre te arranco la lengua. Y en otra ocasión me dijo, Si me entero que la buscas o que las has visto, te envío a un internado de por vida.

Y ahora le pongo otro ejemplo que leo al abrir cualquier página de su libro:

pertenecemos también a la densidad del plomo, nos precipitamos contra las aguas, Enloquecidas caen las aves, tocadas van por la piedra, hasta lo más profundo, donde peces y anzuelos, donde bestias, barcos, redes y huesos (…) donde susurra la barquera, Soporto yo mejor esta oscuridad, pues al otro lado solo veo luz

Me parece un acierto el uso de este “truco” o elemento o recurso, como quiera llamarlo, pero sería de justicia reconocer la influencia que en ello ha ejercido sobre usted Loygorri. No se olvide de esto que le digo.

Afectuosamente,

G.M.