Por ti transita

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Algo prende, por ti transita: Acerca el oído, late, escucha los corredores del agua, el tañido de tus huesos: Se tensan bajo la piel.

Antes de acariciarte, encuentra el hilo: Lo dibujaste sobre la mesa, como si estuviera allí, supieras su color, qué órgano sutura.

Cómo pueden tus dedos zurcir esto tan fino, curar.

Algo prende, te atraviesa: Todo lo mide, es lento, descubre la claridad entre la hojarasca, el gesto de tu mano en el aire, se posa: bebe de ti.

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Doble cajón

Comparto una de las entradas de un nuevo proyecto en el que colaboro con la fotógrafa Montserrat Roig. Se trata de poner palabras a una fotografía, y viceversa. Lo hemos llamado Doble cajón y el resto de lo hecho hasta ahora está aquí: https://doblecajon.wordpress.com/

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Nada se puede decir de la flor, de sus sombras, de sus pliegues. Nada malo en ver la flor sola. Lo saben los ahogados: la perfección no es de aquí. Salvo que nada cabe en su existir, nada acoge. Como la medina de las fuentes secas. Fue el sultán quien las cegó; nada se dijo. Ni el canto de cada pájaro para lo que está vacío. Ni todas sus puertas inservibles: todo entra y sale. El color de la flor, sí. Crece el blanco en la garganta. Todo lo ocupa dentro: razón del ahogarse y del decir.

Entonces el amigo vive

Resiste el páncreas
Lo han apuntalado
Así se apuntala una mina
O una casa que parpadea
Sostenido no como un corazón
Sino apretando su tejido
Algo como un petirrojo entre las manos
Entonces el amigo vive
En el palo que muerde
Por el dolor la morfina
Bajo el ciclo de la misma luna
Ha vuelto a su calle
Al ladrido de su perro
La felicidad de la vena
Los trabajos y los días
El amigo
En este azul a lo lejos
En el hilo claro de hoy

Era incapaz de atravesar los petirrojos

Era como tú: Había siempre una bandada de petirrojos. De petirrojos más allá de los abuelos, una mancha dorada hasta la tierra, tan leve, ascendida, un canto. Hasta hace poco, hijo, un olor a vida para el que no había pulmones, como de fardo de trigo antes de llover, un origen. Como tú: Los dos a la espalda, un sustento; la muerte era incapaz de atravesar los petirrojos.

Cuánta piel

Cuánta piel mide 120 años
cuánto entre el horizonte y la orilla
para el sediento duran
para el aguador
la semilla
germina dentro del fruto
atraviesa la carne
tiembla
brote
cuánta piel
rompe lo verde
no rompe la ola
cuánto ha girado la constelación
entre ojo y ojo
ha caído
no del árbol
ha caído el invierno
para el insomne
sostienen sus manos
como cuencos
como alas
dos alegrías
dos líneas
dos petirrojos
cuántas veces nos llegamos
a la fuente
como una gacela
descendemos
bebemos casi
casi rozamos
acariciamos
ya

Nada hay más lento

Nada hay más lento
que este mar, la flor roja
que el corzo bebe, ni despacio el colibrí,
nada que la sed de los animales
ni la noche cante sobre los pájaros:
sólo la luz acude,
aquieta y roza
el agua a la orilla;
sólo ella entre mis dedos
sabe el camino.

Contra los nuevos poetas

Alfonso Berardinelli lo tiene claro: ya no hay poetas publicables. Dice que la lástima es que se abran colecciones de poesía que después no saben con qué llenarse. Entonces llega el amigo, y el amigo del amigo, después el que tiene poder; más tarde el que insiste, el que te lo hará pagar muy caro y el que amenaza con suicidarse. Mientras, la crítica de poesía o bien se lo traga todo, o bien guarda silencio. “Para escribir el 90% de los poemas italianos que circulan hoy en día, no se requiere ninguna cualidad”.

Por eso todos somos poetas. “El pueblo ha tomado el poder poético, ¡hurra!”, ironiza de nuevo. “Todos somos libres de crear, de expresarnos y de publicar. Además tenemos derecho a ser considerados poetas si lo deseamos con mucha fuerza, si estamos firmemente convencidos de serlo (…) independientemente de la calidad, el valor o el interés de lo que hayamos escrito”. Berardinelli lo llama “populismo poético”: un inocente lector perseguido por veinte poetas que reclaman el “derecho a que se los lea”.

Lorena G. Maldonado en “El Español”